El amor es el sentimiento más puro, noble, sano que pueda existir. El amor nos eleva, nos hace grandes.
Nacemos con ese estado natural, somos seres puros, sin maldad y con el paso de los años nos vamos intoxicando y dejamos de ser seres puros y nobles. Nuestra misión es recuperar ese estado y es una tarea difícil porque nos contaminamos de egoísmo, bronca, envidia, etc, etc. Y despegarnos de eso cuesta mucho trabajo.
Cómo podemos amar de forma sana a los demás con tantas actitudes malas pegadas a nosotros???
Primero hay que empezar por casa! Existe una línea muy delgada entre ocuparnos de nosotros mismos y el egoísmo .
Para que nos amen tenemos que amarnos, tal cual somos.
Para que nos respeten, tenemos que respetarnos.
Para que nos valoren, tenemos que valorarnos.
A partir de esto comienza la línea divisoria entre nosotros y el ego.
Cuando “amamos” a alguien queremos ser la cima de su montaña, y si en algún momento nos damos cuenta de que no es así, vamos a hacer lo posible por serlo, no por el hecho de que amemos a esa persona sino porque queremos ser lo MAS importante para esa persona. Esto es el EGO. Malo, ego malo!
Para desprendernos un poco de esto intentemos ponernos más seguido en lugar del otro, aceptar a los demás tal cual son ya que la perfección no existe y de esta forma se nos va a ser mas sencillo comprenderlos.
No es simple ponerse en lugar del otro sin dejar de ser uno mismo, pero tampoco es imposible.
Intentar ser una persona comprensible, es un acto de amor al prójimo ... por algo se empieza, no?